


Planificar antes de la crisis: cómo fortalecer la resiliencia financiera y operativa
Interés GeneralHace 1 hora






Una organización puede funcionar con normalidad durante meses y, de pronto, enfrentarse a una interrupción que cambia por completo sus prioridades. Un corte prolongado de servicios, una demora logística, una caída en los ingresos o la pérdida temporal de un recurso clave pueden obligar a reorganizar actividades y gastos en poco tiempo. ![]()
La resiliencia aparece precisamente en la capacidad de prepararse antes de que esas situaciones ocurran.


El diplomado de gestión de riesgos del Politécnico Intercontinental aborda esta lógica desde ISO 31000:2018. El programa trabaja identificación, análisis, evaluación y tratamiento de riesgos, además del contexto organizacional, estrategias de control, seguimiento y mejora continua.
El Politécnico señala que se trata de educación informal y que la formación busca fortalecer la toma de decisiones y el cumplimiento de objetivos institucionales.
La resiliencia empieza por conocer las vulnerabilidades
Prepararse no significa imaginar todos los problemas posibles. Resulta más útil identificar qué actividades son realmente críticas y qué ocurriría si dejaran de funcionar durante un periodo determinado.
ISO 31000 propone un enfoque para identificar, analizar, evaluar, tratar, supervisar y comunicar riesgos. La norma puede adaptarse a organizaciones de diferentes tamaños y sectores, por lo que no plantea una respuesta idéntica para todas.
Por ejemplo, una organización puede depender de determinados sistemas tecnológicos, proveedores, ingresos o instalaciones. Reconocer esas dependencias permite priorizar medidas y evitar que los recursos se dispersen tratando escenarios poco relevantes.
La contabilidad muestra qué capacidad existe para responder
Una respuesta operativa necesita recursos. De poco sirve disponer de un plan si la organización desconoce cuánto efectivo tiene disponible, cuáles son sus obligaciones próximas o qué gastos podrían aplazarse sin comprometer actividades esenciales.
La formación asociada a la Técnica en Contabilidad – Polisura trabaja precisamente áreas que ayudan a interpretar esa realidad financiera. El programa virtual de Auxiliar Contable tiene una duración publicada de un año e incluye consolidación de información contable, preparación de informes financieros, asignación de recursos, cartera y condiciones de crédito.
Además, la página académica de Polisura incorpora contenidos sobre presupuestos, planificación de tesorería, flujo de caja, matemática financiera y administración de riesgos dentro de su oferta relacionada con contabilidad.
No todos los procesos necesitan el mismo nivel de protección
Una organización puede empezar identificando aquellas actividades cuya interrupción tendría consecuencias más importantes. Después, conviene analizar qué recursos necesitan para mantenerse y cuánto tiempo sería posible operar bajo condiciones distintas a las habituales.
Entre las preguntas que pueden orientar ese análisis se encuentran:
● Qué actividades no podrían detenerse durante varios días.
● Qué obligaciones financieras seguirían vigentes aunque bajaran los ingresos.
● Qué recursos alternativos existen si falla un proveedor o sistema esencial.
● Qué información debería estar disponible para tomar decisiones rápidamente.
Este tipo de revisión permite establecer prioridades antes de que la presión obligue a improvisar.
Un ejemplo: una caída temporal en los ingresos
Supóngase que una empresa atraviesa varias semanas con ingresos inferiores a los previstos. El riesgo no está únicamente en vender menos, sino en el efecto que esa reducción puede producir sobre pagos, compras y otros compromisos.
Desde la gestión de riesgos, la organización puede analizar previamente qué nivel de caída sería relevante y qué acciones estarían disponibles. Desde la contabilidad, puede revisar flujo de caja, obligaciones, cartera pendiente y recursos que podrían utilizarse para sostener actividades prioritarias.
La combinación de ambas perspectivas permite evitar decisiones tomadas únicamente sobre percepciones. Los datos muestran qué capacidad real existe y el análisis de riesgos ayuda a organizar las posibles respuestas.
La gestión de riesgos también necesita seguimiento
Preparar una respuesta una vez y guardarla no es suficiente. Las condiciones pueden cambiar: aparecen nuevos proveedores, se modifican costos, aumenta la dependencia tecnológica o cambian las fuentes de ingreso.
Por eso, ISO 31000 incluye seguimiento y comunicación como partes del proceso de gestión del riesgo. La edición vigente continúa siendo ISO 31000:2018, revisada y confirmada en 2023. ISO trabaja actualmente en una tercera edición, pero todavía permanece como borrador en desarrollo y no ha sustituido al estándar actual.
Prepararse da más margen para decidir
La resiliencia organizacional no consiste en disponer de recursos ilimitados, sino en conocer qué puede afectar a la operación y qué capacidad existe para responder. Una empresa o institución que identifica sus actividades críticas y mantiene información financiera actualizada puede reaccionar con mayor criterio cuando las condiciones cambian.
La gestión de riesgos aporta una metodología para ordenar escenarios y prioridades. La contabilidad permite conocer los recursos, obligaciones y movimientos económicos que condicionan cada respuesta.
Cuando ambas áreas se conectan, la organización gana algo especialmente valioso frente a una interrupción: tiempo y margen para decidir antes de que la urgencia termine definiendo el rumbo.




































