


(AUDIO) El "grito" del águila: La innovadora solución que devolvió la paz a Villarino tras años de invasión de loros
Sur Bonaerense07 de julio de 2026






En las calles de Hilario Ascasubi, el atardecer solía ser sinónimo de un estruendo ensordecedor y una lluvia incesante de desechos. Con una población estimada de 50.000 ejemplares en apenas 48 manzanas, la convivencia entre los vecinos y el loro barranquero se había vuelto, en palabras de los propios protagonistas, "insoportable". Sin embargo, lo que parecía una batalla perdida contra la naturaleza ha dado un giro inesperado gracias a una estrategia que combina ciencia, persistencia y el instinto primario de supervivencia de las aves.
Un problema de escala mundial
Sergio Daich, referente en Cambio Climático y Desarrollo Sostenible de Villarino, explicó en diálogo con FM DE LA COSTA (www.fmdelacosta999.com.ar) que el fenómeno no es casual. La pérdida del 95% del monte nativo en los últimos 140 años empujó a estas aves hacia los pueblos.
"Hemos dejado sin hábitat natural a los loros... esto ha hecho que en cada pueblo, de acuerdo a la geografía, los loros hayan ensayado su forma particular de abordarlo", señaló Daich, destacando que el caso de Ascasubi ha atraído incluso la atención de cadenas internacionales como la televisión rusa y de Medio Oriente.
El impacto en la vida cotidiana era devastador: cables de media tensión dañados por los picos de las aves, cortes de luz constantes (hasta tres por día en Médanos) y un riesgo sanitario latente. "Si las heces están líquidas te patinás, y si están secas las respirás", graficó el funcionario sobre el peligro que representa la psitacosis y otros problemas de salud.
El hallazgo: El pánico como herramienta de manejo
Tras años de probar con diversos métodos lumínicos y sonoros sin éxito —incluyendo grabaciones de búos y halcones que las aves terminaban ignorando—, el equipo técnico dio con la pieza faltante del rompecabezas.
"Finalmente encontramos la grabación de unas águilas que realmente al loro le causan un pánico increíble", reveló Daich. El objetivo no es dañar al animal, sino generar lo que denominan un "corredor de pánico": un espacio donde el sonido les resulta tan amenazante que deciden no ingresar.
El operativo es casi quirúrgico. Se utilizan dos vehículos equipados con megáfonos de más de 120 decibeles y tecnología láser. El primer vehículo abre paso con el láser y el sonido del águila, mientras el segundo monitorea la reacción de la bandada. Los resultados del último ejercicio piloto fueron contundentes: "El 90% de los loros abandonaron la localidad".
"Coexistencia pacífica": El camino a seguir
A pesar del éxito del sistema, Daich es enfático en que la solución no termina con espantarlos. El loro barranquero es una especie vulnerable y endémica, lo que significa que solo existe en esta región del mundo. Por ello, la estrategia incluye una segunda etapa de relocalización.
"De nada serviría si no tenés primero un lugar a donde invitarlos a ir", explicó. La municipalidad trabaja en rescatar montes alejados, iluminarlos y adaptar arboledas para que las aves encuentren un nuevo hogar seguro lejos de los cables y las viviendas.
"Acá no se trata de uno u otro, acá se trata de convivir, de una coexistencia pacífica entre un ave protegida y gente a la cual nosotros como funcionarios públicos tenemos el deber de proteger", concluyó Daich.
Con una inversión que comparativamente es baja frente a los daños materiales que ocasionan las aves, Villarino ha demostrado que la clave no estaba en la fuerza, sino en entender el lenguaje de la naturaleza. El grito del águila, hoy, es el sonido de la tranquilidad para miles de vecinos.












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