El folklore se convirtió en una herramienta de integración, expresión y encuentro para un grupo de personas que participa de un taller en la ONG “Unidos por una Vida Mejor”, de Carmen de Patagones.
La propuesta forma parte de los talleres impulsados por la Dirección de Cultura, dependiente de la Secretaría de Producción y Desarrollo del municipio, y reúne semanalmente a 14 alumnos.
Danzas adaptadas a las posibilidades de cada participante
Durante las clases se trabajan diferentes expresiones de la cultura popular argentina, entre ellas la chacarera, el gato y la zamba.
La responsable del taller, Agustina Cortéz, explicó que también se incorporan propuestas grupales, como el bailecito, y danzas en pareja, entre ellas la calandria, el gato polkeado y la firmeza.
“Cada actividad es abordada desde las posibilidades de cada participante, priorizando el disfrute y la construcción colectiva”, destacó.
De esta manera, el aprendizaje no se concentra únicamente en la técnica, sino también en generar un ámbito en el que cada integrante pueda expresarse, compartir con sus compañeros y fortalecer sus capacidades.
Tres alumnos se preparan para los Juegos Bonaerenses
Durante agosto, tres de los participantes se encuentran abocados especialmente a la preparación para los Juegos Bonaerenses, donde representarán a la institución en el rubro Danza Teatro.
Para afrontar esta instancia trabajan en la elaboración y el ensayo de una propuesta que combina expresión corporal, interpretación, coordinación y trabajo grupal.
La participación representa un nuevo desafío para los alumnos y, al mismo tiempo, una oportunidad para mostrar el trabajo desarrollado en el taller.
Bailar para encontrarse y sentirse parte
Más allá del aprendizaje de las danzas tradicionales, la iniciativa busca consolidarse como un espacio de encuentro, expresión e inclusión.
En una ciudad atravesada por una fuerte identidad histórica y cultural como Carmen de Patagones, mantener vivas las tradiciones argentinas adquiere un significado especial. Cuando el folklore se transforma también en una herramienta de inclusión, cada paso permite compartir, participar y sentirse parte.
Así, la danza deja de ser solamente una manifestación artística para convertirse en una forma de construir vínculos y comunidad.